Cada 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, esta fecha constituye una oportunidad clave para analizar como instituciones de educación superior cómo estamos trabajando para construir colectivamente comunidades educativas que abordan estratégicamente las brechas de género, en conjunto con prevenir, acompañar y sancionar conductas de acoso sexual, violencia y discriminación de género. Estas problemáticas interpelan la responsabilidad ética y social de los espacios de formación integral, comprendiendo que vulneran derechos fundamentales de quienes los habitan.
La dignidad de las personas es un eje fundamental en el quehacer formativo, reconocemos que el universo de estudiantes es cada vez más amplio y diverso, al igual que sus realidades, por lo que este enfoque nos permite poner en el centro la convivencia y la relación vida personal-estudios, dimensiones que convergen en las trayectorias educativas, y que es clave abordar cuando pensamos en la democratización y permanencia de quienes forman parte de nuestras instituciones.
Poner en práctica el fortalecimiento de una cultura institucional basada en el respeto, la igualdad y la corresponsabilidad de quienes formamos parte de estos espacios académicos, es fundamental, bajo el entendido de que la prevención tiene efectivamente un potencial transformador de las relaciones sociales, permitiendo abordar brechas, roles, sesgos y estereotipos de género, que han afectado históricamente la forma en que las mujeres habitamos los espacios de educación superior.
En este marco, consolidar políticas claras, espacios de diagnóstico y evaluación participativa permanentes, se constituyen como herramientas fundamentales para detectar y abordar a tiempo prácticas y dinámicas que producen desigualdades.
La invitación este 8M es a pensar la conmemoración desde una perspectiva práctica, que permita instalar objetivos y acciones concretas, para promover la equidad de género, erradicar la discriminación y prevenir toda forma de violencia, como compromisos institucionales que reflejan el valor que otorgamos a la dignidad de cada persona, la convivencia y al rol formador de la educación superior.